La Columna del Director | 15-01-2012 | Juan Carlos Tafur
Es de esperar que el fallo del Jurado Nacional de Elecciones, que exige al Registro de Organizaciones Políticas la revisión de su rechazo inicial a la inscripción del denominado Movadef como partido formal, lejos de ser una rendición democrática, constituya un afán por afinar los argumentos y blindar la resolución ante cualquier reclamo posterior en otras instancias.
En todo caso, no es ese el único tema que debería preocupar a la opinión pública. Resulta alarmante que el senderismo haya podido recolectar más de 300 mil firmas para lograr sus propósitos. Y conmueve apreciar a jóvenes que se agrupan para semejante objetivo.
Dicha situación pone de manifiesto el inmenso vacío existente en la memoria colectiva respecto de lo que significó el terrorismo en el Perú y clava una estaca en el corazón del orden político establecido, que ha sido incapaz de ocupar los espacios democráticos inmunizando a la sociedad de la sola posibilidad de un renacimiento ideológico del “pensamiento Gonzalo”.
Sería bueno que este hecho sirva, de paso, para que se reflexione sobre la irresponsable insensatez de algunos sectores del país que se han dedicado toda una década a denigrar el informe de la Comisión de la Verdad por prejuicios nimios. O a tratar de sabotear que se erija el Lugar de la Memoria. Bajo el falaz argumento de que ambos esfuerzos contienen un maquillaje del horror terrorista, se ha impedido que el país, y en especial la juventud, conozca una historia que no vivió en carne propia.
Lo último que el país debía haber hecho respecto de los años del terror era ponerle una lápida encima. Y en ese contexto resalta la pasmosa frivolidad asentada detrás del discurso que ha logrado construir la idea de que cualquier preocupación por los derechos humanos o los fueros legales revela una actitud “proterrorista” (¿?).
Tanto machacar semejante dislate ha logrado crear, por el contrario, un espacio para que haya personas capaces de sentir que defender a Sendero no sea una barbaridad ideológica e histórica sino una posibilidad capaz de ser admitida.
Cuando una tragedia colectiva como la sufrida por el Perú se trata de olvidar solo para esconder errores políticos de los gobiernos que la afrontaron, se termina por abrir las esclusas para que reaparezcan actores que, a causa de ello, han perdido la noción de lo que ocurrió.
Si algo queda claro es que la indignación ciudadana y la reacción unánime de la sociedad civil en contra de la inaceptable pretensión senderista de incorporarse a la vida política formal no deben agotarse en el frontis del JNE.
Juan Carlos
Tafur