“Hay un solo niño bello en el mundo y cada madre lo tiene”
(José Martí)
Ir a un juzgado es siempre una odisea, escuchar las historias, los problemas y los enredos puede ser desmotivador, pero siempre existen casos que, a pesar de lo complejo, pueden ser alentadores y nos dan, sin querer, una gran lección de coraje digna de imitar. Jéssica es una madre a prueba de balas, preocupada constantemente por su hija, por sus necesidades y problemas, que no son pocos. A pesar de todo se le ve entusiasta y con ganas de hacer bien las cosas. Ello es un gran aliciente para empezar un trabajo ordenado y exitoso.
A diferencia de ella, el esposo y padre de su hija, profesional exitoso y muy solvente, no tiene ningún interés en su familia. Su manera de criar y cumplir es diciendo: ¿Cuánto necesitas? Parece que con el dinero este señor soluciona todos sus “problemas”.
Como abogada de familia mi trabajo es solucionar los “conflictos” de mis patrocinados, entonces es gratificante que a algunos les solucionemos los problemas desde los bolsillos, que parece ser el único lenguaje que conocen.
A pesar de los maltratos, las humillaciones y el desprecio, Jéssica ha sacado fuerzas y empezó su proceso de alimentos. Desde nuestra oficina la hemos ayudado con las formalidades y hemos tenido un excelente resultado. Pero el mérito real es de ella, nosotros solo hemos sido un instrumento para que pueda alcanzar sus objetivos válidos y legítimos.
El caso de Jéssica es particular, necesita exclusividad para su hija, ha tenido que dejar su propia vida, sus aspiraciones y su carrera para dedicarse a ella. Lo hace con amor y dedicación, ha entregado su vida a esta causa. El problema es que algunas personas creen que su mayor fortaleza es una debilidad y que su dedicación es un desperdicio. Incluso quienes administran justicia no entienden con facilidad lo que significa dejar los propios sueños por un amor incondicional y desinteresado.
Ahora, con una sentencia favorable y acorde a sus necesidades reales, puede empezar una vida tranquila para ella y su hija. El acuerdo definitivo ha sido rápido, pero el emocional será algo más lento. Tanto maltrato no se olvida con facilidad. Ser madre es un sacrificio enorme, una gran bendición y privilegio. Ojalá todas pudieran tener, al menos, algo de Jéssica y este sería un mundo mejor. Hasta el próximo jueves.
Rosario
Sasieta