Miércoles 22 de Febrero del 2012

Columnistas | 09-12-2010 | José Godoy

PLANCHA QUEMADA

En una campaña tan apretada como la que vivimos, cualquier elemento puede ayudar a ganar votos, como también a perderlos. Uno de ellos es la selección de los acompañantes en la fórmula presidencial.

 

Lourdes Flores comprobó dos veces lo que significa una mala selección de los vicepresidentes, mientras que Alan García apostó por compañías controvertidas y no nos quedó más que rogar por su salud.

 

Todo esto viene a cuento con la presentación de la plancha presidencial del fujimorismo, en la que aparecen dos personajes que ayudan poco a elevar las preferencias electorales de un grupo con voto duro, pero con techo muy bajo.

 

Rafael Rey arrastra demasiados pasivos en su haber: ministro dos veces en este gobierno, apareció con un ‘Pisco 7.9’ para regalar a quienes brindaron grandes aportes para los damnificados del terremoto, tuvo (y tiene) posiciones bastante conservadoras en materia de planificación familiar, y, por supuesto, ha sido el mayor propulsor de iniciativas a favor de la impunidad de graves violaciones de derechos humanos. Situación esta última que le causó su despido.

 

Si la apuesta ha sido “contrarrestar a los caviares”, los fujimoristas necesitan una asesoría a gritos, dado que existe una opinión formada acerca de la inocencia o culpabilidad de su líder. La única explicación racional para la inclusión de un personaje tan controvertido como Rey es que, al igual que Carlos Raffo, sirva a la vez como punta de lanza de los ataques y de receptor de críticas, para blindar a Keiko.

 

El otro compañero de fórmula, Jaime Yoshiyama, rápidamente se ha vendido como un técnico defenestrado por su oposición a Vladimiro Montesinos. Claro, lo dice luego que convivió con él durante 6 años e incluso lo apoyó en su campaña municipal (ver el libro de Sally Bowen “El Expediente Fujimori”).

 

El ex ministro también pierde en la comparación con varios técnicos con mejores pergaminos y logros en la actividad estatal. Dos de ellos, Pedro Pablo Kuczynski y Mercedes Aráoz, son candidatos presidenciales. Y PPK jamás trabajó con Fujimori por cuestiones de principio.

 

Finalmente, cabe recordar que Yoshiyama perdió una campaña en la que contó “con todo el apoyo” de Palacio de Gobierno, frente a Alberto Andrade, desastre coronado con una performance en el debate de 1995 que muestra lo que no se debe hacer en estos casos.

 

En suma, el fujimorismo va con una plancha quemada, para salud de la democracia peruana. 

 
José
Godoy

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