En su columna del último sábado, Renato Cisneros describía lo que muchos peruanos de clase media pasamos en nuestros ámbitos privados y públicos (incluyendo redes sociales) cada vez que alude a las elecciones. Los insultos e incomprensiones están a la orden del día y, lejos del diplomático “no hablemos de política”, la solución que proponía Renato en su columna era clara: “hay que aprender a hablar de política, de nuestras ideas, temores, del tiempo difícil que se viene”.
Yo coincido con él en esta preocupación. Pero sumo otra: ¿y luego del 5 de junio, qué harán quienes podrían sentirse aliviados con el resultado?
Tengo la certeza de que muchos quienes votarán por Keiko Fujimori no se encontrarán entre los primeros que salgan a la calle a protestar si ejecuta el estilo autoritario que muchos tememos a partir de las declaraciones de sus voceros durante esta semana. Y ello porque los argumentos que justifican su voto se centran en la economía - “Keiko preservará el modelo”, “vota por el futuro (económico) de tus hijos” o “no perdamos lo avanzado” - o, como mencionó Julio Cotler, “en el status” (o la intención de llegar a él, cueste lo que cueste).
De hecho, una situación de alivio mezclada con laxitud se vivió entre varias de las personas que votaron por Alan García y que, al ver que se había transformado en un guardián de las empresas (distinto a impulsor del mercado), dejaron pasar varios intentos de atropellos a los derechos fundamentales o casos de corrupción, hasta que estalló el tema de los Petroaudios. Marco Sifuentes describió el último domingo cómo un sector de la prensa padeció de benevolencia y poca fiscalización, mezclada con harta teoría de la conspiración.
El resultado está a la vista y tenemos a un gobierno que termina entre buenas cifras macroeconómicas, pero con la institucionalidad bastante maltrecha, conflictos sociales y un discurso que prefiere la inversión sin compatibilizarla con el entorno social y ambiental.
Pero también tengo dudas de si mis amigos zurdos que votarán por Ollanta Humala saldrán a reclamar si es que existe algún conflicto socioambiental con alguna empresa brasilera, o exigirán una mejor investigación del caso Madre Mía, por mencionar solo dos ejemplos de problemas posibles. Aunque tendrá a los poderes fácticos tratándolo de controlar.
Así que, no solo hay que aprender a hablar de política, sino también a fiscalizar.
José
Godoy