Deberá ser consciente de que ha ganado con votos prestados. Más aún, de que muchos de quienes han elegido votar por él no lo han hecho por sus programas de gobierno, sino porque la otra opción le parecía peor. El primero de los errores que tuvo Alan García en su segunda presidencia fue creer que el miedo a su rival en 2006 le daba carta blanca para hacer lo que quiera. Lamentablemente, grupos de empresarios y algunos medios de comunicación se lo hicieron creer. Ya vemos los resultados.
Deberá tener claro que va a jugar con parte de la tribuna en contra durante todo el partido. Y no se trata solo de grupos o personas que no quieren que nada cambie en términos ideológicos. También se trata de ciudadanos que, legítimamente, tienen muchas dudas sobre el efecto que sus medidas puedan tener en su bolsillo o en el futuro de la democracia peruana.
Deberá ser tolerante con las críticas. No todas serán ‘chiquitas’ y no todas tendrán mala leche. E incluso deberá discernir cuando los medios que jamás le darán la razón en nada sí tienen la razón en algo.
Deberá dar garantías inmediatas a los agentes económicos. La confirmación del correcto directorio del Banco Central de Reserva – o el nombramiento de personajes con el mismo perfil -, un ministro de Economía que sepa manejar el gasto público sin mandarnos a niveles de García I y personajes eficientes en el resto de carteras sería un primer mensaje adecuado.
También deberá ser prudente en los nombramientos militares. Nada de favorecer a su promoción antes de tiempo, ni utilizar los servicios de inteligencia del mismo modo como se usaron en su contra en esta campaña electoral. Mientras más equidistante esté de sus ex compañeros de armas, mejor.
Deberá saber que el juego en el Congreso será más complejo que en el 2006. Para comenzar, su bancada no puede ser el cúmulo de agentes libres que parece ser por momentos y tendrá que deslindar con aquellos que llegaron a ser electos a pesar de sus anticuchos. Y tendrá que construir lazos con los demás grupos parlamentarios.
Finalmente, debería someterse, en forma voluntaria, a una nueva investigación sobre el caso Madre Mía. Si bien tiene una sentencia a su favor por falta de pruebas, muchos tienen fundadas sospechas sobre su actuación en dicha localidad. Lo mejor es despejar cualquier interrogante.
José
Godoy